In Persecutione

El pasado 13 de marzo se cumplieron 4 años de la elección del Papa Francisco. Un Papa suscitado por el Espíritu Santo para este momento decisivo en la Historia de la Iglesia y del mundo, y quien no se ha ahorrado críticas, descalificaciones, denuestos, calumnias y condenas, pero no de sectores contrarios de la Iglesia, sino de los que se dicen “católicos” y defensores de la “pureza doctrinal” del Magisterio eclesial, más como fruto de un fariseísmo que ha sido incapaz de comprender la hermenéutica de la Misericordia.    

 

Existe un misterio sobrenatural que envuelve a la Iglesia que la hace sujeta a multitud de juicios que alcanzan desde luego a su cabeza visible, el Papa. Esto se ha acrecentado desde Juan XXIII quien convocó el Concilio Vaticano II. Desde entonces y por distintas razones, los Romanos Pontífices han transitado por un verdadero martirio místico. Como dijera Henri Lacordaire: “La Santa Sede tiene una desgracia que le es común con todos los grandes hombres y todas las grandes obras: no puede ser rectamente juzgada por el siglo en que se actúa, y, como es inmortal, vive insultada entre su gloria pasada y su gloria futura, semejante a Jesucristo crucificado en medio de los tiempos, entre el día de la Creación y el del Juicio Universal”.

Por ejemplo, bajo Benedicto XVI la Iglesia transitó por una imagen manchada por escándalos sexuales; filtración de documentos confidenciales del Papa; corrupción vaticana por la falta de transparencia en las finanzas del Banco Vaticano, conocido también como el IOR (Instituto de Obras de Religión); así como las disputas y divisiones internas cada vez más de conocimiento público; y el alejamiento de la Iglesia por parte de muchos fieles.

Con Francisco la Iglesia ahora ha asumido de nueva cuenta su dimensión universal. No podía navegar en aguas de rumores, reticencias y conspiraciones, sino que el Papa retomó la misión evangelizadora hacia las periferias y ha trabajado sobre temáticas que la Curia literalmente había abandonado o guardado distancias, como el hambre, las víctimas del tráfico humano y la trata de personas; los refugiados de la guerra, los excluidos del mercado. Es decir, la nueva esclavitud moderna. Ningún líder mundial había denunciado los dramas humanos como lo ha hecho el Papa desde 2013.  

El Papa se ha forjado su prestigio y liderazgo con su carisma de austeridad personal y humildad. Es alguien que vive y predica con el ejemplo. Es auténtico, sencillo y se ha esforzado por llamar a todos de vuelta a la Iglesia. Con la forma en que se ha conducido como Romano Pontífice se ha convertido muy probablemente en el mayor líder mundial. Y la hoja de ruta de su Pontificado es: “El nombre de Dios es Misericordia”.

Este ímpetu evangelizador con el que ha tratado de sacar a la Iglesia de la asfixia y complacencia narcisista ha generado resistencias intraeclesiales desde distintas esferas. Entre los dogmáticos por el temor a que la evolución de sus reformas pastorales afecten a la doctrina; en los mundanos, que vieron amenazados sus privilegios económicos y su vida de palacio, y también entre los obispos y cardenales acomodados en el vértice episcopal de sus países, que viven su relación con la Iglesia como un servicio a sí mismos, unidos al poder político local, en provecho de sus propios beneficios y alejados de la misión para la cual fueron escogidos por el Cielo. Para estos críticos, que se imaginaban un “breve pontificado de tres o cuatro años” que el propio Papa suponía, ya se les ha hecho demasiado largo.

Grupos Religiosos de USA

En el cónclave del 2013 los cardenales estadounidenses estaban unidos con el deseo de desplazar a la curia romana del control del papado. Pero una vez que el Papa expresó su apoyo a una  “Iglesia pobre para los pobres” y promovió la “cultura del encuentro” y la defensa de los excluidos del sistema, y no remarcando la agenda “pro vida”, se advirtió que la Iglesia americana no apoyaría como se hubiera supuesto. Y el descontento entre el Papa y los grupos religiosos estadounidenses no concernía solo a la falta de énfasis a una agenda de “principios doctrinales” sino también a partir de la economía, con la publicación de la Exhortación Evangelii Gaudium. En el párrafo 53 de la EG, el Papa define que “hoy tenemos que decir no a una economía de la exclusión y de la inequidad”. Esa economía “mata” y vuelve a la crítica de la “cultura del descarte” en la que los excluidos se vuelven “sobrantes“ y “desechos” (Cap. 3 pp. 331). No solo la derecha religiosa estadounidense, primer contribuyente de donaciones del Vaticano, sino incluso empresarios cristianos de distintos países del mundo quedaron muy insatisfechos con la nueva agenda de la Santa Sede.

Las críticas pontificias a las desigualdades económicas y sociales provocaron malestar y resentimiento en ambientes católicos conservadores, de la comunidad financiera de Wall Street y no menos también ciertos estratos católicos de Estados Unidos que habían consagrado una alianza política y religiosa con la Santa Sede, sobre la base de “ética católica” y del “capitalismo democrático”. Criticaron la Exhortación del Papa que estuviera revestida de un “lenguaje marxista” y “comunista”.

Otros del ala extremista de la Iglesia exploraron la Evangelii Gaudium, donde en un párrafo el Papa afirma que los judíos continúan teniendo el pacto con Dios establecido con Moisés, lo que fue suficiente para afirmar que el Papa Francisco estaba en violación de la “definición dogmática del Papa Eugenio III” y del Concilio Ecuménico de Florencia, y que por lo tanto el Papa Francisco estaba en herejía y que debía y podía ser derrocado; ya que según el texto Ex Quo Primum del Papa Benedicto XIV (1757), con una herejía basta para declarar nulo a un Papa (ver Secreto Vaticano. L. Mendívil López. Grijalbo, 2016).

Luego vino la Encíclica Laudato si sobre el cambio climático. El medioambiente ya había sido incorporado por Benedicto XVI en la encíclica Caritas in Veritati donde relacionaba el Capitalismo sin control con la ansiedad de las potencias mundiales por explotar los recursos minerales y energéticos no renovables, y llamaba a la redistribución global de recursos energéticos con los países más pobres, para hacer justicia con ellos (#49).

Pero Laudato si fue más convincente y firme. Con un concepto de ecología integral el texto denunciaba una relación directa entre la destrucción del miedo ambiente, la pobreza y la explotación económica. Y pedía responsabilidad directa de las potencias mundiales, que por su nivel de producción industrial, implicaba directamente a Estados Unidos. Laudato si fue decepcionante para los mismos grupos que había molestado Evangelii Gaudium sobre todo para las compañías petroleras y otros productores de energía, así como eclesiásticos –como las arquidiócesis de Chicago, Baltimore, Boston y Nueva York– que tenían acciones invertidas en empresas energéticas y que el Papa señalaba como causantes de daño a la tierra.

No debe soslayarse que las empresas petroleras americanas, que logran ingresos anuales por 555 mil millones de dólares (sólo por citar a Exxon Mobil y Chevron), contrataron a grandes institutos de cerebros, como el Heartland Institute, para que desarrollaran argumentos científicos contra la teoría del Cambio Climático, es decir, documentos que afirmaran que la teoría del petróleo como contaminador de la atmósfera es falsa. Así pues, la industria de los combustibles fósiles sembró una cortina de humo de duda, al igual como lo hicieron en 1994 las gigantes empresas tabacaleras que afirmaron y juraron que la nicotina no era adictiva, engañando a toda la población por 50 años, aun cuando una investigación secreta realizada por sus corporaciones había demostrado lo contrario.

Presiones puertas adentro

La reforma de la curia romana fue un desafío interno para el Papa Francisco. La curia es el gobierno de la Santa Sede. Aunque su misión es ayudar a gobernar al Papa, termina gobernando. En 1963, el Papa Paulo VI, frente a sus funcionarios pidió que “la curia romana no sea, por tanto, una burocracia, como injustamente algunos la juzgan pretensiosa y apática, sólo canonista y ritualista, una palestra de escondidas ambiciones y de sordos antagonismos, sino una verdadera comunión de fe y de caridad, de oración y de acción” (Ver Código Francisco. M Larraquy. Sudamericana. p. 372).

Diez años después decidió reformarla. En línea con el Concilio Vaticano II, para equilibrar el peso de la curia, instituyó un sínodo permanente en el Colegio Episcopal como su órgano consultivo para que los obispos tuvieran más participación en las decisiones de la Iglesia (actualmente el gobierno de la Santa Sede se compone de la Secretaría de Estado, 9 Dicasterios o Congregaciones, 12 Consejos Pontificios, 7 Comisiones, 6 Academias y 3 Tribunales. Los cargos son designados por el Papa).

En los últimos 30 años la curia completó su metamorfosis: de ser un órgano de ayuda para el gobierno del Papa se convirtió en la conducción del gobierno mismo. Juan Pablo II dejó que la maquinaria burocrática curial funcionara sola. Él, con su carisma y liderazgo, se ocupó de los viajes y oraciones masivas con sus fieles, para reactivar la fe y la esperanza de Europa y erosionar lo más que se pudiera al comunismo.

Benedicto XVI se alejó de la curia y poco a poco su ministerio fue consumido por la guerra intestina entre el secretario de Estado Angelo Sodano que venía de Juan Pablo II y el Cardenal Tarcisio Bertone designado por él. Y así, Juan Pablo II como Benedicto XVI se mantuvieron a distancia del control de la Santa Sede. Todo era operado por la Secretaría de Estado –Bertone– y con la firma del Papa. Pero el caos se reflejó en el llamado Vatileaks, con los documentos filtrados en 2012, las facciones internas, extorsiones, lavado de dinero, despilfarro económico, escándalos de pedofilia, pederastia. Y todo el poder político, económico y administrativo recaía en un solo hombre, que en medio de una sucesión de errores y escándalos varios cardenales le pidieron al Papa Benedicto XVI que lo alejara de la Secretaría de Estado, pero el Papa lo sostuvo (véase Nuzzi Gianluigi. Las cartas secretas de Benedicto XVI. MR, 2012).

El IOR, el escándalo publicitado

Recordemos que desde 1981 la Banca Vaticana era accionista mayoritario del Banco Ambrosiano. Utilizaba el circuito financiero internacional para blanquear dinero ilegal que procedía de las mafias italianas y de Estados Unidos, a través del banquero Michael Sindona; luego transfería los fondos a bancos del exterior en carácter de préstamos o cheques que servían para financiar “operaciones políticas”. Pero el Banco Ambrosiano se declaró en quiebra en 1982 y dejó una deuda de 1,480 millones de dólares que gran parte había circulado a través del IOR (Instituto de Obras de Religión). El director del Banco Ambrosiano, el “banquero de Dios”, Roberto Calvi apareció colgado en un puente del río Támesis de Londres. La justicia inició proceso contra el cardenal estadounidense Paul Marcinkus, pero la Santa Sede reclamó inmunidad diplomática. Como se sabe, el autor inglés David Yallop señaló a Marcinkus como unos de los autores principales de la presunta eliminación de Juan Pablo I, como consecuencia de rastrear las conexiones del propio obispo Marcinkus –presidente del Banco Vaticano en ese momento– con capos de la Mafia de Chicago, y con la Logia Masónica P-2. El Papa Juan Pablo I se habría horrorizado al ver que el banco del Vaticano, estaba comerciando con las mafias italianas y americanas, con el blanqueo de la droga colombiana, con fábricas de armamento bélico, fábricas de anticonceptivos y de condones, y empresas farmacéuticas que financiaban acciones bélicas en el mundo.

En los años 90’s, ya bajo un mayor control, los delitos financieros en el IOR persistieron, aunque con menor estridencia. Pero para 2011, el IOR gestionaba bienes por 6,300 millones de euros, que mantenía en cuentas y depósitos en bancos de todo el mundo. Con el propósito de perfeccionar el control anti lavado, Benedicto XVI puso en vigencia la ley 127 que permitió la creación de la Administración de la Información Financiera (AIF), con potestad para requerir información al IOR sobre sus fondos, como lo exigían los estándares de transparencia.

Pero los intereses internos se multiplicaron y surgieron amenazas contra el entonces director y titular del IOR Gotti Tedeschi quien se vio obligado a renunciar por temer un final parecido al de Calvi.

En junio de 2013, la fiscalía italiana detuvo al Arzobispo Scarano mientras organizaba una operación de lavado de 23 millones de euros, dinero que se pretendía ingresar en el Vaticano y luego girarlo a Suiza.

Con objeto de dar una limpieza total, el Papa Francisco decidió crear una comisión, COSEA, para obtener precisiones sobre la estructura económica administrativa de la Santa Sede. Y con la designación de Pietro Parolin en la Secretaría de Estado, el poder omnímodo y todo clima de negocio se fue apagando; retornó el tiempo de la diplomacia vaticana.

Al año siguiente, el Papa estableció 3 nuevos organismos para las finanzas vaticanas: el Consejo para la Economía –con función de vigilancia y supervisión–, la Secretaría para la Economía –que responde directamente al Papa y tiene el control del IOR, la APSA (quien administra las propiedades de la Santa Sede) y la AIF–, y el Revisor General que se ocupa de la supervisión contable. El encargado de la Secretaría para la Economía es el cardenal australiano George Pell, quien ha ido adecuando el IOR a las normas de anti lavado y a la identificación de las cuentas de todos los clientes.

Pero a la “gente maligna que va en contra de la fe” le preocupa que el Papa Francisco no esté de acuerdo en que “delincuentes con sotana” vivan en terreno vaticano, refugiados, escondidos, evadidos de enfrentar la ley. El Papa dio instrucciones para que todo aquel con cuentas pendientes con procesos o acusaciones penales, salgan de suelo vaticano, ya que no quiere que en su Pontificado el Vaticano sea santuario de infractores de la ley.

Y todo lo anterior de alguna manera justificó para que el Papa en un estricto examen de conciencia identificara las enfermedades curiales: Alzheimer espiritual, mundanidad y exhibicionismo, vanagloria, persistencia de un clima de chismes, sentirse inmortales, esquizofrenia existencial: una curia que no se autocritica, que no se actualiza, que no busca mejorarse es un cuerpo enfermouna enfermedad que deriva en una patología del poder, del complejo de elegidos, del narcisismo que mira apasionadamente la propia imagen y no ve la imagen de Dios impresa en el rostro de los otros, especialmente de los más débiles y necesitados (ver discurso del Santo Padre a la Curia Romana. w2.vatican.va 22 de diciembre de 2014).

Más adelante el Papa clavó una daga en el cuerpo episcopal estadounidense cuando el Cardenal Raymond Burke, consultor permanente de Benedicto XVI y crítico de las reformas pastorales de la Evangelii Gaudium, perdió a fines de 2013 su condición de miembro de la Congregación de los Obispos, y después la titularidad del Tribunal de Signatura Apostólica que dirime conflictos de competencia entre Dicasterios. El Papa lo designó como patrono de la Orden de Malta, un cargo honorífico externo a la Curia, Orden que recientemente el Papa pidió la renuncia al Gran Maestro Matthew Festing por un supuesto escándalo de distribución de preservativos.

Amoris Laetitia

Con la idea de “caminar juntos” –según el significado de Sínodo– para iluminar la realidad contemporánea e intercambiar experiencias pastorales, el Papa convocó el Sínodo Extraordinario de la Familia. Pero en las asambleas de 2014 y 2015, los padres sinodales observaron que sus propuestas de misericordia podrían afectar las verdades permanentes de la Iglesia.

Esto trajo 2 corrientes en relación con los temas de la familia, los que coincidían en que la Iglesia debía abrir nuevos enfoques en la moral sexual católica y los que no admitían matices en la doctrina ni entendían que debiera adaptarse a las realidades del mundo.

El Cardenal Gerhard Müller concentró el tradicionalismo en el que se alinearon algunos cardenales, entre ellos, Carlo Caffarra, Velasio De Paolis, Walter Brandmüller, Thomas Collins, quienes condensaron un corpus de entrevistas en el libro La Esperanza de la Familia, publicado en julio de 2014 (BAC, Madrid).

La tesis expuesta afirmaba que la Iglesia se estaba dejando enceguecer por el secularismo y la consecuencia era la confusión creada en la mente de las personas.

El Cardenal Müller negó que algunas decisiones doctrinales o disciplinarias sobre el matrimonio pudieran quedar delegadas a criterio de las conferencias episcopales locales, como algunas iglesias locales presumían (véase Familia Cristiana. 26 de marzo del 2015). En el mismo camino pero con un fundamento doctrinal desarrollado en su libro Dios o Nada, el cardenal de Guinea Roberto Sarah, Prefecto de la Congregación del Culto Divino, escribió: “Nadie, ni tan siquiera el Papa, puede demoler o cambiar la enseñanza de Cristo. Nadie, ni tan siquiera el Papa, puede oponer la pastoral a la doctrina. Sería rebelarse contra Jesucristo y su enseñanza” (Familia Cristiana. 23 de marzo del 2015).

El Cardenal Sarah pensaba que los creyentes divorciados o vueltos a casar no representaban un desafío urgente para las iglesias de África y Asia, sino que era la obsesión de ciertas iglesias occidentales que quieren imponer soluciones llamadas teológicamente responsables y pastoralmente apropiadas, que contradicen de manera radical la enseñanza de Jesús y del Magisterio de la Iglesia… Mientras los cristianos mueren por su fe y su fidelidad a Jesús, en Occidente algunos hombres de la Iglesia intentan reducir al mínimo las exigencias del Evangelio, planteaba Sarah, en referencia a los cristianos decapitados, fusilados, o quemados vivos, que se habían resistido a convertirse al Islam, y de otros que habían sido desplazados o perseguidos por el yihadismo en Medio Oriente y África.

En el otro polo, con una sólida argumentación teológica y atendiendo la angustia de fieles que se les impedía comulgar en un segundo matrimonio – pero tampoco eran excomulgados – la Iglesia alemana, en la voz de su titular el Cardenal Reinhard Marx, mantenían la posición del admitirlos, en coincidencia con el Cardenal Walter Kasper, y reservándose un margen de autonomía eclesial. “El Sínodo no puede prescribir en detalle lo que debemos hacer en Alemania. No somos una filial de Roma”, azuzaba (ver Il Foglio. 4 de septiembre de 2014 en Código Francisco de M. Larraquy. pág. 411).

Entre la “tensión de la doctrina y la necesidad de las reformas”, Kasper reconocía un “cisma práctico”, y lo explicaba con los casos de matrimonios cristianos, “comprometidos con la Iglesia” que no vivían las enseñanzas de la Encíclica Humanae Vitae sobre métodos anticonceptivos. “La pastoral no puede ir en contra de la doctrina, pero la doctrina no puede ser una dimensión abstracta”, resumía (ver diario La Nación. 6 de noviembre de 2015).

Pero el Papa fue muy claro al enfatizar que la experiencia del Sínodo había hecho comprender mejor “que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y su perdón. Esto no significa en modo alguno disminuir la importancia de las fórmulas, son necesarias; la importancia de las leyes y de los mandamientos divinos, sino exaltar la grandeza del verdadero Dios que no nos trata según nuestros méritos, ni tampoco conforme a nuestras obras, sino únicamente según la generosidad sin límites de la misericordia” (Discurso de clausura. 24 octubre 2015 w2.vatican.va).

Pero la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia no ha estado exenta de críticas calificando al Papa de ir en contra del Magisterio y la Doctrina. En la Exhortación Francisco llama a las cosas por su nombre: reconoce la centralidad de la familia en la comunidad humana y la realidad fundante del matrimonio entre hombre y mujer, al tiempo de afirmar la doctrina de la Iglesia y confirmar la hermenéutica de la misericordia para interpretar sus realidades y problemas, con el fin de articular prácticas pastorales de apoyo y promoción. En esta lógica, el Papa denunció la ideología de género como un ataque directo a la familia, al grado de calificarla como un nuevo colonialismo ideológico; denunció el aborto, la eugenesia y la eutanasia como prácticas deshumanizantes y; afirmó la imposibilidad de equiparar, ni siquiera por remota analogía, el matrimonio entre un hombre y una mujer con cualquier otra relación humana. 

Pero uno de los puntos de más fricción es la famosa nota 351 del capítulo VIII de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia. Esa nota, leída con espíritu sencillo, se entiende perfectamente a la luz de la Tradición de la Iglesia. El arzobispo de Baltimore (Maryland, EEUU), Mons. William E. Lori, ha pedido en una carta a sus sacerdotes (16-febrero-2017) que interpreten Amoris Laetitia teniendo en cuenta Familiaris Consortio de San Juan Pablo II y Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI.  Su carta es coherente con las enseñanzas de los papas Francisco, Benedicto XVI, San Juan Pablo II y el Beato Pablo VI. El arzobispo anima a leer Amoris Laetitia, especialmente el capítulo VIII, párrafo 305 (y la nota 351 al pie), sobre el acompañamiento a personas en situaciones irregulares, junto con los puntos correspondientes de las Exhortaciones Apostólicas de San Juan Pablo II Familiaris Consortio (#84) y del Papa Benedicto XVI Sacramentum Caritatis (#29). Ambos documentos afirman la necesidad de que los divorciados vueltos a casar por lo civil obtengan la nulidad de su primer matrimonio antes de que se les permita el acceso a los sacramentos. Esos documentos afirman la indisolubilidad del matrimonio sacramental, pero el último reconoce que quizás haya casos legítimos en que la fe católica pueda, por ejemplo, ser incapaz –en sentido jurídico– de probar que su anterior matrimonio era inválido.

Ésta debe ser la actitud correcta: serena, coherente con el “depositum fidei”, sin exaltarse, alborotarse ni irritarse, que no son estados de ánimo del buen espíritu, según las Reglas de Discernimiento de espíritus de San Ignacio de Loyola.

Desgraciadamente pululan ya Obispos y Superiores religiosos que discrepan abierta y públicamente de la actuación del Papa Francisco. Esto es muy grave porque, teniendo como misión la de fomentar la unidad en la fe, utilizan su autoridad y prestigio para fomentar el cisma entre sus súbditos. Y entre estos también se cuentan laicos de prestigio y páginas web de corte “tradicionalista” y otras sin ese sello que le atizan al Papa tachándolo de ignorante, pastor rústico devenido en Pontífice, intelectualmente limitado e impedido del virtuosismo teológico. Y algunos incluso de hereje y antipapa.  

Por increíble que resulte, la cantidad de los católicos de todo el mundo que ya han sido alertados por estos alegatos es abrumadora. Ahora todos estos millones de fieles –que han recibido mensajes “católicos” de advertencia contra el Papa Francisco– no saben si deben ser fieles o no a su Papa, pues líderes de su propia Iglesia, adversarios del Papa Francisco, les han transmitido por medio de sacerdotes o en sus correos electrónicos ese tipo de mensaje “apocalíptico”, donde el Papa Francisco sería la bestia del capítulo XIII del Apocalipsis o su falso pastor.

En una entrevista concedida a la revista alemana Rheinische Post, el 17 de febrero de 2017, el cardenal Müller ha asegurado que no cree que sea “particularmente beneficioso que cada superior comente los documentos papales para explicar cómo entiende subjetivamente el documento”... “No puede admitirse que la doctrina universalmente vinculante de la Iglesia, formulada por el Papa, reciba interpretaciones diferentes e incluso contradictorias en cada región. La base de la Iglesia es la unidad de la fe”.

Contra todos estos que se sienten tocados con el don de corregir al Papa y exhibirlo públicamente, al margen de la gravedad de juzgar al Vicario de Cristo y tener que darle cuentas al gran Juez, recordarles que se debe interpretar la doctrina y la ley con la mirada de Jesús. La misericordia no le quita una palabra a la doctrina, pero le agrega un significado humano trascendente. En esto radica la fuerza profética de la Iglesia.

La Gran Prueba para la Iglesia

Para el que esto escribe no le es ajeno el estado lamentable de suciedad espiritual, moral y litúrgica por el que transita la Iglesia; no es ajeno a la lamentable disputa y división entre laicos, obispos y cardenales; no es ajeno a cierta masonería que se ha infiltrado con olor a azufre al interior mismo de la Iglesia. Con pena y dolor tenemos que admitir que no sólo la Iglesia está muy mal, y que al dejar de ser luz el mundo entró en una terrible confusión de oscuridad, sino que desafortunadamente las grandes y peores pruebas para la Iglesia aún están por venir, entre las que se encuentra una gran división y cisma que hará que se separe la Verdadera Iglesia de la falsa y con el consecuente enfrentamiento entre dos Papas; así como una terrible persecución contra la Iglesia, cristianos, sacerdotes, laicos y religiosos, incluido desde luego el Papa; y un último ataque final que pondrá más que en duda la veracidad de la misma revelación hecha por Jesucristo.

Pero de aquí a que se señale al Papa Francisco como el causante eficiente del cisma y la división actual o como el gran hereje o antipapa, hay un abismo de diferencia que sólo ha alimentado aún más la confusión actual y expresa una lamentable distorsión y fallo en el discernimiento, en el mejor de los casos, o un grave vicio de entendimiento y soberbia intelectual en medio de un infierno de ideas mentales, fruto de la tentación tenebrosa en la que han caído. 

Recemos por el Papa Francisco, que aún ha de vivir horas amargas de su pasión y recemos por la Iglesia para que sea fortalecida en los momentos de su gran prueba ya inminente. Y recemos por nosotros y preparémonos convenientemente con las armas de la oración y sacrificio en busca de la virtud y frutos para Dios y los demás, pues corremos el riesgo de que también nosotros mismos perdamos la fe.

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