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Diferencia entre Reino de Dios y Reino de Cristo

Parusía y Segunda Venida de Cristo


Hay que distinguir lo que es el Reino de Dios en sentido amplio de lo que es el Reino de Cristo en específico. Esta falta de distinción llega a confundir fácilmente, pues existe la creencia común de que el Reino de Dios sólo se va a realizar y tendrá lugar únicamente en el cielo y en la vida eterna, y no se hace mención al Reino de Cristo en la tierra, o en su caso, se suele identificar este Reino de Cristo en la tierra con la vida de la Iglesia que se extiende por todo el orbe.

En la Sagrada Escritura se utiliza en ocasiones el término Reino de Dios para definir varios significados distintos y al mismo tiempo complementario, concurrente e integrante de una misma realidad y de un mismo plan divino. Es una especie de diversidad dentro de la unidad querida por Dios. Así tenemos por ejemplo:

   1. El Reino como reino de la verdad, el cual existe desde que nace Cristo y viene “al mundo para dar testimonio de la verdad, ”[1] tal y como se lo dijo a Pilatos.

   2. El Reino como reino espiritual de las almas. Para hablar de este reino citamos a San Lucas que dice: “El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: vedlo aquí o allá, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros”[2].

   3. El Reino como reino de la gracia a través de la Iglesia. Este reino de gracia es el que prepara al reino de gloria. El reino de gloria no se alcanzará sino por medio de la gracia, que se realiza y florece en lo íntimo del alma, en el seno de la Iglesia. Así por ejemplo tenemos el texto de San Pablo a los romanos que dice: “Porque el Reino de Dios no consiste en comer ni beber, sino en justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo”.[3]

   4. El Reino como reino de los cielos. Este es el Reino de Dios que habrá en la vida eterna en el cielo, después de la última resurrección. De hecho, existe hoy en día este Reino de Dios sobre las almas bienaventuradas y sobre el mundo angélico porque Cristo es Rey de todo lo creado, y existe también como reino espiritual por la verdad y por la Iglesia. Es pues el reino de los cielos plenamente perfecto sin sombra del mal y que se dará en la vida eterna.

   5. El Reino como reino de Cristo en la tierra.  Este es el reino del que habla el capítulo 20 del Apocalipsis. Jesús ante Pilatos se proclama abiertamente Rey y el Apocalipsis dice que vendrá como Rey y Juez al final de los tiempos; y la Iglesia celebra la fiesta de Cristo Rey. Existen multitud de citas respecto a este reino, concretamente en el versículo 4 del capítulo 20 del Apocalipsis que dice: “Ví también las almas de los que fueron decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, y a todos los que no adoraron a la Bestia ni a su imagen, y no aceptaron la marca en su frente o en su mano; revivieron y reinaron con Cristo mil años (…) Esta es la primera resurrección. Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección. Sobre ellos no tendrá poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo y reinarán con Él mil años.”[4].

Objeciones

Ahora bien, no falta quien interprete que estos “mil años” de los que habla Juan comienzan a partir de la institución de la Eucaristía en la Última Cena por parte de Jesucristo, o a partir de su Ascensión a los Cielos, por lo que estos dos mil años de historia de la Iglesia serían en realidad el llamado Milenio del capítulo 20. Existen autores católicos y una corriente importante dentro de la Iglesia que afirma que ya estamos viviendo este Reino Milenario de Cristo, que empezó con la muerte de Cristo en la cruz y se manifestó desde el día de Pentecostés, cuando el Reino de Cristo tomó cuerpo en la Iglesia visible. Así, todas las profecías de este reino mesiánico se están realizando progresivamente hoy en día con el “triunfo de la Iglesia” que poco a poco va conquistando al mundo hasta que llegue la supremacía espiritual y moral de la Iglesia sobre todas las naciones. No obstante, esta interpretación no la podemos admitir  pues querer asimilar el Milenio con los dos mil años de la Iglesia trae un efecto distorsionado y caótico de las Sagradas Escrituras.

Reino de Cristo y Reino de los Cielos

Otros muchos creen que el Reino de Cristo tendrá cumplimiento hasta el Fin del Mundo, con el inicio de la vida eterna en el Reino de los Cielos. Pero no es esto lo que dicen las Escrituras.

Es claro que este Reino de Cristo se realizará en la tierra. En la oración del Padre Nuestro, las tres primeras peticiones, es decir,

“santificado sea tu Nombre”;

“venga a nosotros tu Reino”; y

“hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”,

sólo pueden tener sentido si son para cumplirse en la tierra, ya que en el cielo están dadas y cumplidas totalmente. Así, el pedir “santificado sea tu Nombre” tiene que ser una petición para la tierra puesto que en el cielo se cumple a la perfección. Lo mismo “venga a nosotros tu Reino” implica pedir que venga a la tierra, pues si fuera el reino de los cielos tendríamos que pedir no que viniera sino que nosotros fuéramos a él. Y lo mismo respecto a la tercera petición que por sí misma se explica: “hágase tu voluntad en la tierra como (se cumple) en el cielo”.

Por otro lado, tenemos la cita de la Anunciación del ángel a María en la que le dice que “éste (su Hijo Jesús) será grande y será llamado Hijo del Altísimo, al cual el Señor Dios dará el trono de David su padre, y reinará en la Casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin”.

Aquí es claro que se le promete a Jesús que ese reino no puede ser en el cielo, sino en la tierra, porque el trono de David no estuvo en el cielo sino en Jerusalén.

Lo mismo se aplica a las palabras de Cristo a Pilatos y que según el original griego dicen: “Mi reino no es de este mundo. Si de este mundo fuera mi reino, mis ministros habrían luchado para que no fuese entregado a los judíos; más ahora mi reino no es de aquí”[5]. La mayoría de las traducciones omiten el “ahora” contenido en la última frase “más ahora mi reino no es de aquí”, con la simple frase “mi reino no es de aquí”. Las que conservan “el ahora”, entre otros, están las versiones de Torres Amat, Scio de San Miguel, Monseñor Straubinger.

Por tanto, su reino ahora no es de aquí, pero lo será cuando lo instaure en la tierra a partir de la Parusía.

Otros Efectos del Reino

En este Reino de Cristo en la tierra se cumplirán un sinnúmero de promesas de paz y bienestar temporal, como consecuencia de la efusión sobrenatural y Presencia de Poder y Gracia que significará la Parusía.

Así encontramos por ejemplo:

   1. Paz universal. Los profetas anuncian una época en que no volverá a haber guerras. Así dice Isaías: “El Señor juzgará a las gentes y dictará sus leyes a numerosos pueblos, y de su espada harán rejas de arado y de sus lanzas, hoces. No alzará la espada gente contra gente, ni se ejercitarán para la guerra”[6].

   2. Bienestar y prosperidad inigualable. El Reino de Cristo nos traerá una época de gran bonanza para el hombre, progresos que no lo apartarán de Dios, quien será su prioridad de vida en todo momento. Así lo dicen los profetas: “He aquí que vienen días, dice el Señor, en que al arador le seguirá el segador, y al que pisa las uvas, el que esparce las semillas; los montes destilarán mosto y todas las colinas abundarán de fruto”[7].

   3. Salud y larga vida. En la época del Reino de Cristo “no habrá allí niño nacido para pocos días ni anciano que no haya cumplido los suyos. Morir a los cien años será morir niño, y no llegar a los cien años será tenido por maldición... no se fatigarán en vano, ni darán a luz para una muerte prematura, sino que serán la progenie bendita de Yahvé. ”[8]

   4. Se amansarán las fieras. En el Reino de Cristo se verá la convivencia de animales mansos con las bestias más feroces y estarán sometidas al hombre como los demás animales domésticos para que no hagan daño a nadie. Así, cuando los hombres impíos hayan desaparecido y “la tierra se llene del conocimiento del amor de Dios como una invasión de las aguas del mar... entonces habitará el lobo con el cordero, el leopardo se acostará junto al cabrito; la osa y la vaca pacerán lado a lado y juntas acostarán a sus crías. El león comerá paja con el buey, y el recién nacido meterá la mano en la madriguera del basilisco”[9].

Entonces la paz y la justicia reinarán, la prosperidad temporal permanecerá, los desiertos florecerán y tendrán cosechas de frutos, habrá longevidad en los habitantes de la tierra, se amansarán los animales  y las “criaturas, liberadas de la servidumbre de la corrupción, participarán en la gloriosa libertad de los hijos de Dios”[10], porque la tierra quedará libre de la maldición a la que Dios la sometió por el pecado.[11]

Pero esto no es lo más importante, sino la consecuencia que traerá la Parusía para la Restitución o Restauración del hombre, quien es la creación más importante de Dios.

Continuaremos