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Los Dos Acontecimientos del Apocalipsis

Anticristo y Parusía

 Son dos los grandes acontecimientos que profetiza el libro del Apocalipsis: la venida del reino del Anticristo y su derrota ante la Parusía de Cristo; y las señales antes citadas nos están preparando perfectamente la visión histórica de estos dos eventos. Por tanto, la esjatología cristiana está forjada de dos piezas contrarias y correspondientes, que forman la historia sobrenatural del hombre, las fuerzas intrahistóricas que dependen de su libre albedrío y las intervenciones meta-históricas que dependen de los planes inconmovibles de Dios. Aquí surgen entonces el Anticristo y la Parusía.
Dos piezas que corresponden a la esencia creada del hombre, pues ni él se ha dado la vida ni la conserva por sus propias fuerzas. Sólo puede orientar el movimiento libre de su voluntad, y ése será necesariamente hacia el Anticristo o hacia la Parusía. Dicho de otro modo, o el hombre trabaja para el Anticristo o trabaja para la Parusía, aunque no siempre sea consciente de ello, pero siempre responsable por la culpabilidad de su ignorancia.

Por tanto hay que preguntarse, ¿se han cumplido las señales profetizadas? Sí, los signos se han cumplido, los signos se han realizado. Incluso, ¿qué importa que los hombres no los vean? ¿Más aún, no es otro gran signo de los tiempos profetizado el que los hombres no los vean? Desdichados pues los que no ven los signos y probablemente también desdichado o afortunado el que los ve. Que la lucha está llegando a su desenlace y la corrupción del mundo está tocando la raíz de todo. Las energías del diablo están concentradas hoy en día en corromper todo lo que es específicamente religioso. Ya no le interesa al diablo matar, y vaya que sí mata, sino lo que le interesa es corromper, envenenar, falsificar.

El don de entender las profecías es como el don de profetizar, de suyo no requiere la ciencia sino que brota de la fe misma del hombre. De hecho el profeta no necesariamente es santo, aunque debiera serlo, ya que la profecía es una gracia gratis, una gracia gratuita. Así pues los signos se han cumplido y es necesario que el hombre los discierna, urge que los discierna, so pena de morir y morir eternamente.

Criterio de Interpretación: Literal o Alegórico

 La interpretación tradicional sobre el Apocalipsis de parte de los Padres de la Iglesia de los primeros 5 siglos, aún cuando no se explicase del todo su significado, era que el Apocalipsis comprendía todo el tiempo de la Iglesia, desde la Ascensión de Cristo a los cielos hasta el Fin del Mundo. Así lo indica San Agustín: “Todo el tiempo que el libro este abraza a saber, desde la primera venida de Cristo hasta el fin del siglo en que será su segunda venida”[1]. Esto nos da una pauta clara de ubicación en el tiempo de los sucesos presentados por Juan. Es decir, el Apocalipsis refleja toda la historia sobrenatural de la humanidad a partir de Cristo, así como las acechanzas del demonio para evitar que se cumpla el Plan de Dios.

Es decir, el Apocalipsis no es ni más ni menos que el desarrollo continuo de las dos ciudades de las que habla San Agustín, la de Dios y la de los Hombres, y cómo la historia se va preparando paulatina y simultáneamente para la aparición del Anticristo y para que éste sea derrotado “por el soplo de la boca del Señor y por el resplandor de la Parusía de Cristo”, como dice San Pablo. Así la iniquidad será vencida por la Parusía, o dicho de otro modo, el mal acarreado por el Anticristo será ahogado por la sobreabundancia del bien divino, no sólo en su dimensión natural sino también en la sobrenatural, que es la Parusía.

Ahora bien, no todo mundo opina lo mismo, ya que se han dado diversas interpretaciones al Apocalipsis en virtud de otorgarle más preeminencia a lo alegórico que a lo literal, y esto hace que surjan entonces diversos métodos o escuelas de interpretación. Según lo establecido por su Santidad el Papa Pío XII en su encíclica “Divino Afflante Spíritu” de noviembre 30 de 1943, la interpretación literal debe prevalecer sobre el sentido alegórico y figurado, y a su vez éste se debe sujetar al sentido literal que siempre será primero.

Siguiendo este criterio lo que a nosotros nos interesa es tener un sentido global y unitario del mensaje apocalíptico para poder ubicar y dar sentido a todas las grandes visiones parciales, que como partes, integran el libro de Juan en un todo.

Es pues fundamental e imperativo buscar siempre – como lo dice el P. Castellani – el sentido literal. Sin embargo, la interpretación literal tiene sus límites. Cuando una interpretación ha sido manifiestamente contradicha por los sucesos es claro que hay que abandonarla, así como cuando es imposible o absurda. Fuera de ese caso, hay que interpretar siempre en forma literal.

Básicamente el régimen de interpretación del Apocalipsis se reduce a tres escuelas:

   1.

      la primera es la esjatológica y que se remonta a los Padres de la Iglesia de los primeros cinco siglos y que es la interpretación tradicional;
   2.

      la segunda escuela es la llamada histórica que es aquella que quiere ver en el Apocalipsis una visión de toda la historia de la Iglesia;
   3.

      la tercera escuela sería la histórica-restringida que es aquella que ve en la profecía apocalíptica prácticamente todo ya resuelto y cumplido con el triunfo y la conversión de Constantino (Siglo IV) y la destrucción del Imperio Romano, quedando solamente algunos cuantos versículos del capítulo 20 que se referirían al fin del mundo y que se cumplirían repentinamente.

Todas las escuelas contienen un principio verdadero pero no exclusivo, siendo la escuela esjatológica la fundamental y realmente tradicional, pero que debe combinarse discretamente con la histórica y la histórica restringida. Así entonces, podemos afirmar que el Apocalipsis es una profecía esjatológica-histórica en cuanto a que se refiere a la Parusía o Segunda Venida de Cristo, como claramente lo advierte el profeta desde el principio hasta el fin del libro. Ahora bien, antes de predecir los tiempos propiamente de la Parusía, Juan profetiza en un esquema toda la preparación de la venida del Anticristo que se encuentran latentes en los mensajes de las 7 Iglesias, en los 7 Sellos y en las 7 Trompetas.

Afirmamos entonces que las profecías mesiánicas se han cumplido en su primera parte y han de cumplirse de nuevo más espléndidas en su segunda parte. Decimos que el Mesías ya vino (y ellos – los judíos – hicieron con Él lo que quisieron) pero ha de venir de nuevo, y entonces Él hará lo que quiera. Como dijo el Ángel de la Ascensión: “Este Jesús que habéis visto subir al cielo, igualmente lo veréis un día bajar del cielo” (Hech,1,11). Este es el criterio de los antiguos Santos Padres y el recomendado por la Santa Sede, que exhorta al sentido literal y a la consideración del género profético del libro de Juan.

Cristo pues debe volver y pronto y en la medida en que su retorno se aproxima por fuerza se van haciendo más claras las promesas de sus santos y las visiones de sus videntes. Es decir, nosotros no es que queramos presumir de saber más que los antiguos intérpretes, pero es una realidad que tenemos una posición histórica mucho más ventajosa que los antiguos. Así lo dice el gran Bossuet: “Es natural que los intérpretes posteriores vean o sepan más que los antiguos, en cuyos hombros se apoyan; porque una profecía se va haciendo más y más clara a medida que se cumple o se aproxima a su cumplimiento”.[2]

¿Sabes tú más que San Jerónimo y que San Agustín? Puedo saber todo lo de San Jerónimo y San Agustín y un poquito más, gracias a San Jerónimo y a San Agustín sin ser más grande que San Jerónimo y San Agustín: así un enano parado sobre los hombros de un gigante puede ver más lejos que el gigante, sin ser el enano más grande que el gigante.