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Un Plan de Crecimiento Espiritual

"Por encargo de mi Hijo, Yo les propongo un plan de entrega y crecimiento espiritual

para alcanzar así la Plenitud."

Fragmento del 4ª Mensaje hecho público el 25 de mayo de 1992

 

Para poder enfrentar los difíciles tiempos de apostasía y confusión que en breve reinarán en el mundo y en la Iglesia, es mandatorio llevar a nuestra vida la necesaria preparación espiritual. Dios tiene un Plan a futuro y se va a cumplir. Ya se están cimentando las bases espirituales de las que surgirán las futuras generaciones que poblarán la tierra como expresión del triunfo del Reino de Cristo. Por tanto, qué mejor que hacer referencia al inigualable propósito que el Cielo trajo en la Aparición de Sabana Grande, Puerto Rico, es decir, la formación de una nueva estirpe de cristianos verdaderos. No nos engañemos, ni los niños índigo ni los procesos evolutivos de la conciencia ni fuerzas energéticas ni extrañas creencias o nuevas filosofías que promueven gratuitamente la divinización del hombre lograrán la transformación de nuestro ser. El único camino es seguir el mandato de Cristo: tomar la cruz de cada día, negar nuestro propio yo, y con la ayuda de la Gracia Divina por medio de los Sacramentos adquirir las virtudes necesarias para lograr vivir la verdadera y auténtica vida en Dios. 

En efecto, la aparición de la Virgen del Rosario en el Pozo de Sabana Grande está llena de signos y simbolismos que dejan al descubierto su propósito, propósito enmarcado dentro del plan perfecto dirigido hacia la transformación de la humanidad. En Sabana Grande el propósito es el llamado a la formación de una nueva estirpe de hijos verdaderos de María Santísima, hombres y mujeres comprometidos a vivir plenamente el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo y que se den a la tarea de transformar el mundo, dispuestos a tener a Dios como prioridad de vida, logrando la culminación en Plenitud del Reino de Cristo en la tierra. La Virgen del Rosario del Pozo de Sabana Grande no sólo hace un llamado a formar una nueva estirpe, sino que sienta las bases para que se desarrolle una entrega a Dios como prioridad de vida. De las 7 prendas (corona de 7 estrellas, manto azul, túnica blanca, broche, cinturón, rosario entre sus manos y sandalia) que conforman la manifestación de la Santísima Virgen, el broche simboliza el reinado de María sobre los apóstoles de estos tiempos, de esos Hijos Nuevos, transformados,  que a través de un compromiso formarán una nueva generación de cristianos dedicados al servicio de Dios y al triunfo de María Santísima.

 

Siete Clases de Hijos

En su segundo y tercer mensaje la Virgen del Rosario habla de 7 clases de hijos, a saber:

1.       hijos de Dios,

2.       hijos de la Iglesia,

3.       hijos míos,

4.       hijos nuevos,

5.       hijos predilectos,

6.       hijo Verdadero y Predilecto, y

7.       su Amadísimo Hijo.

Los hijos de Dios son todos los hombres de la tierra; los hijos de la Iglesia son todos los bautizados; los hijos míos son todos los hombres, especialmente los devotos a Ella; hijos nuevos son aquellos que se le han consagrado y Promulgan su nombre, con su voz y con su ejemplo como Madre del Verdadero Camino hacia el Padre; los hijos predilectos son todos los sacerdotes; el hijo verdadero y predilecto, el Papa; y su Amadísimo Hijo, Jesucristo.

Especial importancia tienen aquí los hijos nuevos, pues son estos hijos a quienes hace referencia su broche, a los apóstoles de estos tiempos. No son muchos pues su broche es pequeño, pero sí son lo suficientemente entregados y comprometidos para dar la gran batalla de la Restitución en contra de Satanás y lograr la victoria para Dios.

Es precisamente en el cuarto mensaje la Virgen del Rosario donde deja establecido el plan de entrega y crecimiento espiritual que deben ejecutar todos aquellos que quieran ser hijos nuevos, es decir, formar parte de su broche y alcanzar así la Plenitud.

El plan propuesto por la Virgen del Rosario es el siguiente:

·         imitar a su Amadísimo Hijo Jesucristo, que significa leer los Evangelios para conocerlo más y aprender de Él que es manso y humilde de corazón;

·         vida disciplinada en la oración; por la mañana, al mediodía, por la tarde y concluyendo con el rezo diario del Santo Rosario, que significa adquirir un hábito en la oración, no rezar desordenadamente o bajo impulsos de emoción o sentimentalismo, sino adquirir un orden disciplinado que permita unidad, constancia e intimidad en nuestra relación con Dios. El rezar el Rosario al final del día en familia es una excelente forma de terminarlo;

·         ayuno frecuente y abstinencia de carne el día sexto, que significa ofrecer a Dios el sacrificio de no ingerir alimentos por un espacio de tiempo que se irá adecuando de acuerdo al crecimiento espiritual de cada uno, pues el ayuno no es ausencia de alimento sino presencia de Dios que nos permite ir sensibilizando nuestro ser al mundo sobrenatural. Lo deseable es ayunar al menos un día a la semana bebiendo únicamente agua. El día sexto es el viernes, día que los hombres han convertido en el día del pecado;

·         alegría de estar en Gracia pese a la cruz y el sufrimiento, que significa vivir en Gracia de Dios como fruto de la lucha constante por erradicar el pecado de nuestras vidas, y que como consecuencia nos fortalece para enfrentar mejor cualquier sufrimiento que Dios permita;

·         disposición amplia al sacrificio y penitencia, que significa hacerse partícipe de la purificación de la humanidad, pues sólo a través de la penitencia y el sacrificio es como el hombre se santifica y comparte la Cruz de Cristo;

·         mortificación de los sentidos, que significa hacer pequeños o grandes sacrificios en cada uno de nuestro 5 sentidos, siempre según el nivel espiritual de cada uno. Por ejemplo, bañarse con agua más fría de lo acostumbrado, no tomar dulces o postres, ofrecer la incomodidad en nuestro descanso, abstenerse de tiempo en tiempo de ver televisión o escuchar música, rezar de rodillas algunas oraciones, etc.;

·         frecuencia de Sacramentos, específicamente la Eucaristía de manera íntima e intensa, que significa participar de la comunión donde está Cristo con Su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad;

·         apostolado firme, constante y diligente, que significa llevar el anuncio de conversión a todos los hombres mediante el Evangelio, la enseñanza de la Iglesia y la devoción a la Santísima Virgen.

Todo lo anterior nos permitirá cumplir lo que la Santísima Virgen del Rosario insiste reiteradamente: "Protéjanse debajo de mi manto y vivan en mis virtudes; Plenitud es lo que quiero porque así me lo ha encargado Mi Hijo". ¿Interesado en ser Hijo Nuevo?  

 

29 de abril de 2005

Aniversario 52 del 7º día de la Aparición

de 33 consecutivos que ocurrieron

del 23 de abril al 25 de mayo del año 1953,

en Sabana Grande, Puerto Rico