(Apocalipsis 3,1-6)

¡Un llamado urgente y angustioso a la Iglesia de Hoy!

“Esto dice el que tiene
los Siete Espíritus de Dios
y las Siete Estrellas".

Las Siete Estrellas son los Ángeles de las Siete Iglesias. Son los que están al frente de cada una de las Siete Iglesias del Apocalipsis, y son Sadiel, Ariel, Gabriel, Jophiel, Gratiel, Rafael y Miguel. Se llaman Arcángeles porque reúnen en ellos la esencia de  todos los ángeles, es decir, son adoradores de Dios, colaboradores de Él en la creación y auxiliadores de los hombres en su camino a Dios. Al principio Dios creó doce importantes Arcángeles – creó muchísimos más, miríadas de miríadas - de los cuales siete permanecen fieles y cinco cayeron, juntamente con “Lucifer”. Los siete Arcángeles fieles representan la nueva creación y el nuevo nombre de Cristo.

Por lo que se refiere a los Siete Espíritus de Dios cada uno de “ellos” (que representan cada uno de los 7, uno a uno los 7 ojos del Cordero) representa un aspecto de la perfección Septiforme de Dios. Ciertamente Dios es Uno y Trino, pero la perfección de Dios se expresa o se manifiesta en 7 formas debidamente palpables en todo cuanto existe, de ahí que se resuma  todo, a Dios – 3 - y Su creación – 4 .

“Conozco tu conducta;
tienes nombre como de quien vive,
pero estás muerto".

Toda esta época  es de hipocresía. La mayoría de los hombres fingen ser tan buenos como los católicos; pero ni los unos ni los otros lo son, pues no viven conforme la ley de Dios y viven sin Cristo. Los liberales de la iglesia oficial fingen ser amables con nosotros, pero tienen garras de sangre para destruirnos, si acaso pudieran hacerlo.

Una palabra caracteriza a esta época de la Iglesia: es la hipocresía. Pero no quieren ser cristianos sino fingir que lo son, y tienen que ser hipócritas. La hipocresía de esta época es lógica y caracteriza a los hombres de hoy: “Son tan buenos, tan sinceros, tienen tan buenas intenciones y buenas vibras”. “... Se te tiene por viviente pero estás muerto”. La gente de hoy cree estar viva espiritualmente, en todos los sen­tidos importantes; se dicen cordiales, justos, generosos, comprensivos, solidarios, filántropos, cristianos, católicos, etc. pero están muertos en el único sentido importante, que es el espiritual, pues viven en pecado mortal y no les importa; y entre ellos hay comerciantes, empresarios, obreros, profesionistas, doctores, amas de casa, solteros(as), viudos(as), separados(as), arrejuntados(as), divorciados(as), sacerdotes, obispos, cardenales y de cualesquiera religión. ¿Cuántos viven consistentemente hoy en estado de gracia? ¡Te crees vivo, pero estás muerto! ¿Pues de que te sirve ganar el mundo (gloria humana, reconocimiento, vanidad, poder, belleza, riqueza),  si pierdes tu alma?

“Ponte en vela
reanima lo que te queda
y está a punto de morir".

Se recomienda a la gente de esta Iglesia conservar lo que tiene, es decir, la sobrenaturalidad de la Iglesia, la Divinidad de Jesucristo, la mediación de Su Madre y Madre Nuestra, la Virgen María,  el Concilio Vaticano I, el poder temporal y espiritual del Papa, la no separación de la Iglesia y el Estado, etc. y que no obstante están a “punto de morir”, pues necesitan ser renovadas por la sangre. ¡Una terrible prueba se avecina a la Iglesia!. Agárrate de lo único que te va a sostener: María Santísima y los Sacramentos, particularmente la Eucaristía. “Ponte en vela”. Por tanto, reza y busca reconciliarte urgentemente con tu Dios. No lo ignores, no lo subestimes, pues ¡¡¡el sufrimiento será necesario, la oración y el sacrificio, mandatorios!!!

El resto de las creaciones modernas son más ya resultado del influjo de Satanás; la técnica se vuelve una desviación de la ciencia; la cultura va degenerando convirtiéndose en un procurarle al hombre felicidad humana y goces materiales. Este proceso ha ido aumentando y ha dado lugar a lo que es un cristianismo vacío donde se elimina la sustancia y se rellena de cultos idolátricos. De todo eso no quedará nada. Ojalá y tengas oídos sobrenaturales para entenderlo.

“Pues no he encontrado tus obras,
llenas a los ojos de mi Dios".

Es exactamente lo que dije antes: cómo vemos nosotros a nuestros contemporáneos y cómo los ve Dios, son dos cosas completamente diferentes. Nosotros pensamos que todos somos amables, buenos y sinceros, pero para Dios es otra cosa. Nuestras obras no han sido dignas ante Dios. Por tanto, pronto te verás como Dios te ve y eso si será aterrador, pero también podrá ser muy bueno, todo depende.

“Acuérdate, por tanto,
de cómo recibiste y oíste mi palabra:
Guárdala y arrepiéntete".

Se vuelve a exhortar a lo tradicional, a lo que se ha escuchado, pero no basta con oírlo sino hay que practicarlo, porque hoy día las palabras de la religión resuenan por todas partes, pero muchas veces vacías por dentro, porque no se practican, no se viven. Porque “aquél que no vive como piensa acaba pensando como vive”. Y una vez más se te vuelve a llamar al arrepentimiento. Esta es la hora de pedir perdón, de arrepentirse. Aún hay Misericordia por parte de Dios, pero se acercan velozmente el momento de la gran prueba, y para muchos será ya demasiado tarde.

“Porque, si no estás en vela,
vendré como ladrón,
y no sabrás a qué hora vendré sobre ti".

La frase “vendré como ladrón” continuamente la utiliza Jesucristo para aludir a la muerte, y con ella la hora de Su Justicia, tan grande y terrible como lo es ahora abundantemente Su Misericordia. No sabes a qué hora vendrá, pero ciertamente será pronto, pues ha sonado ya la Hora de la Trompeta Final. Todos lo “sienten” en el ambiente, lo saben, lo perciben, pero no quieren oírlo. El castigo será peor que el diluvio. Así lo confirma la Escritura para una generación incrédula, soberbia y perversa, como desafortunadamente es la nuestra.

“Tienes no obstante en Sardes
unos pocos que no han manchado sus vestidos.
Ellos andarán conmigo vestidos de blanco;
porque lo merecen".

Como siempre en cada Iglesia hay hombres fieles que no están manchados por la contaminación del mundo. Ser auténtico cristiano y católico hoy en día se ha convertido en un auténtico heroísmo. Pero los hay. Hombres y mujeres de oración diaria; sacrificio silencioso; contemplativos en la calle; fieles devotos de María Santísima; adoradores del Santísimo Sacramento; apostólicos y predicadores de la Palabra de Dios, que trabajan a tiempo y destiempo, consumiéndose como velas al servicio de Dios, en el día a día, luchando por establecer el reino de Cristo en la Tierra. Los hay y más de lo que se cree, y además ganarán la batalla y serán vencedores.

“El vencedor será así revestido
de blancas vestiduras
y no borraré su nombre
del libro de la vida,
sino que me declararé por él
delante de mi Padre y de Sus ángeles.
El que tenga oídos,
oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias".

A estos victoriosos se les otorga un premio especial.

¡El que tenga oídos, Oiga!  Pero de ello nos referiremos en otra ocasión.